La primera entrada

La primera entrada de este blog fue una pequeñísima narración sobre el hombrecito de mi vida.
Hoy vengo a escribir una como corresponde, y que de ahora en adelante esta cuente como la primera.

Comienzo presentándome. Soy Paula, soy profesora, soy perezosa, soy bonita, soy seria y enojona, soy infantil, soy acuario, soy chilena, y me gusta el helado de amaretto, dormir abrigadita, el color azul, y escribir. Mi edad no es un secreto. Nací a fines de enero en el noventaiuno.

Este blog nace de mis ganas de comunicar. Es que tengo mucho que decir, de nada en particular. A veces quiero escribir sobre una película que vi, otras sobre esa adorable pastelería que vende esos bizcochos de chocolates con crema chantillí que tanto me gusta, o sobre ese episodio de One Piece que me hizo llorar mucho. Sobre los libros que he leído y que se han vuelto un pedacito de mi vida cada uno; sobre esa canción que escucho todos los días cuando voy de camino al trabajo y la historia que he creado escuchándola; sobre mis plantas y algunas otras que quisiera cultivar; sobre ese vestido en la vitrina de mi tienda favorita al cual siempre me detengo a mirar; sobre alguna frase que haya removido algo en mí; sobre alguna foto en Tumblr que me haya gustado mucho; sobre la guirnalda de luces que cuelga sobre la cabecera de mi cama y le da un toque mágico a mi pieza; sobre mi profesión; sobre lo que realmente quiero hacer el resto de mi vida, los lugares que quiero visitar y escribir sobre ellos; sobre cuán feliz me ponen los nacimientos; sobre pantuflas y zapatos de tacones; sobre fanfiction; sobre Harry Potter.

Es un blog sobre muchas cosas.

Y si se preguntan por qué un nombre tan absurdo como la gran línea… Pues porque “The Grand Line” ya estaba ocupado, y es precisamente allí donde me gustaría estar ahora.

Bienvenidos.

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Se tapa la boca con una risa fingida, porque es un gesto que aprendió al mirarme. Los ojos se le entrecierran y se encoge sobre sí mismo, hasta se dobla, y con su mirada traviesa y perspicaz mira a la cámara para que yo capte bien el momento.

Después, con esa voz mandona propia de los dosañeros, me exige mostrarle el resultado de su actuación, y como es bien narcisista, se ríe solito cuando se mira en la pantalla, y señala al muchachito de risa fingida y dice “yo”, con los ojos como lunas crecientes y los mofletes inflados, mostrando todos los dientes que tiene.