Mi lugar favorito.

Yo soy como Ryuu con su espada de madera… Ando en busca de mi lugar favorito. Lugares, para ser precisa. Y aunque me costó bastante tiempo reconocerlo (y entenderlo) mi ciudad es uno de mis lugares favoritos.

Me costó entenderlo porque aquí no hay lugares bonitos. Le falta verde, y carece de sitios entretenidos: no hay un parque de diversiones todo el año y apenas hay dos cines, un mall y no tenemos Burguer King.

Es tedioso vivir en un lugar de panoramas monótonos donde si no te gusta embriagarte o bailar la música de moda, te quedas encerrado en casa. Y no es que esto último me moleste mucho, yo disfruto estando en mi camita viendo One Piece o pelis u otras series de anime, más ahora que tengo alguien divino con quien compartir mi vida y mis tiempos de ocio, pero de vez en cuando es refrescante hacer otras cosas, para variar.

Es por eso que puedo decir que estoy en la incesante búsqueda de mi lugar favorito. Me gusta mi ciudad por su clima y porque es chica, pero a pesar de no ser inmensa como la capital, no la conozco toda, por eso siempre ando probando lugares. Mi sitio favorito obviamente será uno que ofrezca comida, así que cuando veo restaurantes o cafés nuevos, los grabo en mi mente y no los olvido hasta que los pruebo. Haciendo esto fue que llegué a un lugar bonito que ya es parte de mis lugares favoritos en la ciudad.

Lo que llamó mi atención de este lugar fue el estilo. Cuando pasé por fuera y miré por los ventanales, quedé fascinada con los sillones negros y los cojines blancos y, por sobre todo, los mensajes y dibujos en los muros. Cualquier muro que diga algo llama mi atención.

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Cada vez que andaba cerca me daban ganas de entrar, pero no me animaba, hasta hace un mes o más, que al fin se dio la oportunidad. Y hoy volví a ir.

No es un sitio muy grande, pero para ser pequeño, se ve espacioso y cada cosa está bien acomodada.

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Me encantan los muebles, en especial los pequeños asientos negros cerca de la ventana y sus mesitas de centro. Pero si hay algo que me encanta del lugar, además de la fantástica variedad de tés que ofrece, es el baño. Me repelen los lugares con baños pequeños y mal cuidados. Éste, en cambio es espacioso y está lleno de detalles.

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Además cuenta con un pequeño lobby muy bonito que da a los servicios higiénicos. Puede que muchos no se fijen en esas cosas, pero a mí me dejan una impresión muy agradable y hace que sume puntos en mi escala.

En cuanto a la comida, al ser una clásica coffee-shop, ofrece variados tipos cafés y de pasteles, como cheese cakes, tortas, muffins y cupcakes, además de algunos tipos de sandwiches. Y su fuerte, sin duda alguna, son los tipos de té. Hoy me tomé un té navideño, que si no mal recuerdo era una mezcla de té negro, trozitos de manzana, canela, vainilla y seguramente algo más que ya no recuerdo. La mezcla de té viene en unas adorables casitas metálicas que cuelgas de la taza. Me parecieron preciosas ya que nunca había visto de esas antes.

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Mi té de hoy no sólo adquirió un tono dorado maravilloso, el sabor fue refrescante y el aroma dulce se me hizo adictivo.

Un sitio altamente recomendado para los fans del tecito, especialmente ahora que con este tiempo tan frío uno encuentra gran consuelo con una taza humeante entre las manos.

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Cuando llego a la casa y tengo mucha hambre

¿No le pasa que a veces llega con tanta hambre a la casa después del trabajo y lo único que quiere es comer algo muy rico?

Me pasa todo el tiempo. Hoy fue uno de esos días en los que por salir tarde de mi casa o por flojera, no me preparo el desayuno y me quedo sin comer hasta la hora de almuerzo. Llegué a mi casa con muchas ganas de comer, y cuando me asomé a la puerta de mi bisabuela para preguntarle qué hay de almuerzo ella me dice que lentejas.
Lentejas. Lentejas. Lentejas.

Cuando era niña amaba las lentejas, me comía hasta dos raciones seguidas. En mi casa las preparan en un caldo bien sabroso, con zapallo, papas y carne.

No entiendo en qué momento dejaron de gustarme. Dicen que cuando uno come mucho de una cosa, después eso le harta. Tal vez me pasó eso, porque ahora no soporto las lentejas. Y no es que tenga algo en contra de las legumbres. Los garbanzos me encantan, y la crema de porotos es maravillosa, pero las lentejas tienen algo que me disgusta.

Lo peor de la situación es que en casa aún no se hacen las compras del mes, por lo que no había nada más para comer. Salí apresurada a comprar, y ahora le contaré cómo preparar un plato súper sencillo, económico, y bien llenador: fideos con salsa.

Sí, no es nada del otro mundo. Les recomiendo usar capellini, pero cualquier tipo de pasta está bien cuando uno tiene hambre. La salsa la preparo con salchichas, si a usted no le gustan los embutidos y prefiere algo más sano, le recomiendo el atún, aunque a éste yo le agregaría un poquito de cebolla. Uso también soya y orégano, los que agregó a las salchichas mientras estas se fríen en el sartén para darle ese olor rico que te abre el apetito.

El resultado es sabroso y deja satisfecho a cualquiera.

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Bon appetit.